Primera Edición: Bambamarca, 2005
FRAGMENTOS
SON DÍAS DE LLUVIA
Son días de lluvia por todos lados desde el tejado hasta la estera. Llueve... Llueve tanto en estos días... Llueve para el que tiene tierra y para el que duerme en la calle. Llueve para el que tiene qué sembrar y para el que tirita en el pavimento. Llueve sin cesar a la sombra del que sufre al unísono del que llora. Llueve y hay sequía en el corazón del transeúnte. Hoy como ayer no lloverá para el mendigo, no sonará la moneda en el fondo de su pobreza. Son días de lluvia en mi corazón de pájaro, cuyo nido agoniza en la soledad de la acera. El tarro enmudece, el pavimento tirita, pues llueve torrencialmente y, aún así mi alma muere de sed.
ME BUSQUÉ SIEMPRE Y CON DESESPERACIÓN
Me busqué siempre y con desesperación
y nunca me pude hallar.
Me miré en todos los espejos del universo
y sólo vi sombras.
Escuche mi voz una y mil veces
y no era yo.
Me toqué el rostro, las manos, la ingle
y no había nada.
Recorrí ciudades, campos, países,
preguntando por mí.
Fui al norte y al sur, al este y al oeste
y no me pude encontrar.
Y cuando dejé de mirar afuera,
me hallé solo y agotado.
Escondido entre mis poemas
preguntando por mamá.
QUISIERA TENER LA PACIENCIA DEL ÁRBOL
que muere para el mundo y renace
en su cumbre interior...
y morir mil veces
y renacer otras mil
y esperar al tiempo, al rayo,
a la sequía,
al monóxido... sin temor,
al hacha... de pie,
con la mirada en el reluciente filo
¡Impávido!
con la frente en alto.
Y crecer de pie
y de pie llorar
y envejecer de pie
y de pie morir...
¡Ah! ¡Si yo tuviera el alma del árbol!
sería tan dichoso,
tan firme, tan unigénito
que perdería mi nombre
y me ahogaría ¡tan feliz!
entre la química
de la savia bruta
y la esperanza infinita
de la savia elaborada.
¡Ah! ¡Si sólo tuviera la fe del árbol!
Sería tan fuerte, tan íntegro
que donaría mi sangre al viento
en fotosíntesis eternas
y me abrazaría cada día ¡Tan feliz!
a mi tronco padre
y a mi raíz madre
únicos herederos de mi soledad.
SE FUE ABRIL…TAN DULCE
Se fue abril…tan dulce
y tan triste a la vez
que me dio ganas de seguir sus pasos.
Pero estoy aquí…
con mi soledad en ristre
contemplando mi alma
que enmudece.
Y quiero saber
¿Dónde se origina el dolor humano?
¿De quién depende que los niños no sufran?
Y es tan frío el invierno
y tan fría mi hoguera
que dudo de mi sangre.
Si sólo tuviera un día en blanco
un solo día de paz
¡Dios mío!
Tendría tiempo para conversar
con mi alma,
con mis huesos…
conmigo mismo
Y sería tan feliz... morir en otoño
abrazado al dolor del mundo
junto a los niños ya viejos
sin madre, sin patria
huérfanos de todo.
A
A la tierra prometida
mañana me voy...
Santiago estaba lleno de esperanza
la alegría desbordaba su cuerpo.
Dejó su arado, su anciana madre,
su tierra húmeda y oscura.
Bajó al mar, con sed…
como fiera…
Y hoy está allá abajo,
en el arenal,
prendido de su hambre,
luchando contra el salitre…
sin arado,
sin madre,
sin tierra húmeda.
Vacío de ilusiones,
lleno de miseria.
SÓLO ERA UN HOMBRE TRISTE
Sólo era un hombre triste
tirado al filo del mundo, de bruces,
entre otros desperdicios
de la “globalización”.
De mirada taciturna y ojeras pronunciadas
durmiendo despierto en los caminos,
envuelto en sueños de justicia,
mendigando un pan llamado libertad.
Sólo el viento era mi aliado
y sufría junto a mí.
Sólo él fue capaz de avisorar la luz
que había en mí.
Saca tus ideas al sol…me susurró
¡Ponlas a secar!...
Y me levanté, como el obrero
que se lanza el cabello hacia atrás,
lo mismo que sus dudas y su vergüenza,
me levanté...
eché a caminar... sin fuerzas,
tambaleante, pero con la mirada
fija en el horizonte.
Tal vez no llegue a la meta,
pero quiero morir mirando
en esa dirección.

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